Una pieza de hotel, igual a todas.
La hora sin metáfora, la siesta que nos disgrega y pierde.
La frescura del agua elemental en la garganta.
La niebla tenuemente luminosa
que circunda a los ciegos, noche y día.
La dirección de quien acaso ha muerto.
La dispersión del sueño y los sueños.
A nuestros pies un vago Rhin o Ródano.
Un malestar que ya se fue.
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